miércoles, 15 de octubre de 2014

GUARDANDO LUTO

Fecha de Publicación:
Acapulco de Juárez, Gro. Méx. 15 de Octubre del 2014

Publicado Por:
Emilio Nahín Rojas Madero

Guardando Luto



Aquí me encuentro guardándole luto,
A una mujer de la que me enamoré;
Hoy mi alma siente un dolor abrupto,
¡Cómo salí de ese corazón que moré!

Sé que se encuentra en los brazos de otro,
Borrando mis besos, caricias y mis votos;
Mi alma viste de negro y el corazón roto,
De solo imaginar a mis lágrimas alboroto.

Que no se acerque nadie en este momento,
No quiero envenenarla con éste tormento;
Mi llanto es el más desconsolado evento,
No quiero vengar en otra mi sentimiento.

No sé para qué le estoy guardando luto,
Si ella duerme con otro y yo sin indulto;
¿Qué hago llorándole si ya no me quiere?
¿Qué hago llorándole si solo me hiere?

Ya no puedo decir un “te amo enamorado”,
Se ha extinguido mi bello sueño adorado;
Mi corazón a ella ha quedado tan anclado,
Esta desilusión el alma me ha devorado.

Solo siento el vacío en mis cálidos brazos,
Un desierto árido entre mis húmedos labios;
Y el desconsuelo por la ruptura de los lazos,
Mi aliento perdido y anímico sin cambios.

Un estado del que no encuentro cómo volver,
Un corazón tonto que la quiere volver a ver;
Cuando se muy bien que ya no le pertenece,
Aun cuando el corazón todos los días le rece.

Hay un vacío cruel que me empuja al final,
El deseo de morir es un sentimiento infernal;
Mas la firmeza interior es fortaleza terrenal,
Ofrenda de paz como el canto de un cardenal.

Yo no puedo maldecirla, tampoco condenarla;
Pues quien enseña a una bella rosa a espinar,
No es nuestra adorada dulce madre naturaleza;
Sino el truhan que no la supo amar ni valorar.

Nunca pudre perdonar a quien no puedo odiar,
Tampoco puedo odiar a quien amo de verdad;
Hoy con el veneno de sus espinas debo lidiar,
Dios, que termine este luto que quiero mi felicidad.

Autor: Emilio Nahín Rojas Madero 15 de Octubre del 2014
Obra ya Registrada

EL JUEGO DE LOS MORTALES

Fecha de Publicación:
Acapulco de Juárez, Gro. Méx. 15 de Octubre del 2014

Publicado Por:
Emilio Nahín Rojas Madero

El Juego de los Mortales



Este es el juego que los mortales,
En la vida deben de saber jugar;
Así redactaron las leyes divinas;
Pues así lo han venido a planificar.

Enviados con virtudes y valores,
Que debes saber proteger y usar;
Para que frente al final de la vida,
Dios se los tenga por glorificar.

Si llegasen a perder esos valores,
En el correr de la vida se perderán;
De mendigos y vagabundos cesaran,
Hasta que el juego llegue a su final.

No pierdan sus virtudes y valores,
Para que alcancen nuevos niveles;
Deberán enfrentar a los antivalores,
Y por los juegos de ego no desveles.

Que serán muy amargas esas pruebas,
Hasta las lágrimas te arrancaran ellas;
Que tu Dios espera a que las resuelvas,
Y sin que tú te identifiques con ellas.

Que no se te ocurra renterear el juego,
O al suicida habrás de satisfacer su ego;
Repetir mil años el último día de tu vida,
A ese castigo amargo quedaras condenado.

Tengan mucho cuidado con sus acciones,
Analicen bien cada una de sus decisiones;
No se dejen llevar por las tontas pasiones,
O serán atrapados por sus propias prisiones.

Nadie les dijo que fácil sería este juego,
Es largo y angosto el anímico caminado;
No desanimen si la meta no han alcanzado,
Que las 108 existencias están de su lado.

Pues el secreto de la vida y la muerte,
Es el mismo que el de la noche y el día;
Pues se viene al mundo para ser fuerte,
Y no para ser devorados por la cobardía.

Estos versos son para el que entienda,
Un gran conocimiento queda guardado;
Para mortales que se sienten agonizando,
Terminen el juego, Dios los está esperando.

¡Que comiencen los juegos de la vida!
A proteger valores y virtudes de la osadía;
Y no caigan en los errores de la rebeldía,
O perderán la congratulación prometida.

Autor: Emilio Nahín Rojas Madero 12 de Octubre del 2014  

viernes, 3 de octubre de 2014

EL POETA EXILIADO DEL AMOR

Fecha de Publicación:
Acapulco de Juárez, Gro. Méx. 03 de Octubre del 2014

Publicado Por:
Emilio Nahín Rojas Madero

El Poeta Exiliado Del Amor



El poeta sabe que para él, el amor no nació;
Que es proscripto para las cosas del corazón,
Que en su vida la soledad es la que se lució;
Enlutándose su alma hasta perder la razón.

A pesar de saber que el amor no le escribió;
Y que solo probadas de placer le concedió,
El poeta aún le sigue escribiendo al amor;
Le sigue escribiendo con lánguido clamor.

Él sabe que su vida no fue hecha para amar;
Y sabe que en la vida solo le toco agonizar,
Y aun cuando en su cabeza escucha voces;
Las ignora pues son pensamientos atroces.

Pensamientos que lo impulsan al pecado;
De arrancarse la vida por su propia mano,
Es el precio de tener un corazón calcinado;
Dolor que languidecerá tarde o temprano.

Qué importa que su amada no lo escuche;
Si existe un mundo que solo a él se entrega,
La muerte le llegará cuando él ya no luche;
Su caída llegará cuando su letra se detenga.

Pero sabe que su pluma no se debe detener;
Y que es su pluma la que habrá de florecer,
Su nombre en historia habrá de permanecer;
Para vergüenzas de quien no lo supo querer.

El poeta ha aceptado su amarga posición;
Ha sido exiliado de las cosas del corazón,
Más seguirá escribiendo con loca pasión;
Al amor que se escondió en su caparazón.

Con esas lágrimas en sus entristecidos ojos;
Con ese corazón ya tantas veces desgarrado,
Solo el poeta camina por esos pasillos rojos;
De esa sangre que su corazón ha derramado.

Ya no hay nada que ha ese poeta consuele;
Tan solo los aplausos de su pueblo amado,
El recuerdo de su amada a él solo le duele;
Cómo olvidar a la mujer que él ha adorado.

El poeta ha comenzado su exilio en el valle;
Es la muerte quien lo espera en esa soledad,
Y sin saberlo el mundo le aplaude en la calle,
Ninguno sabe de su amarga y oscura realidad.

El poeta ha aceptado su amarga situación;
Pues él vivirá su vejes en una triste canción,
Ya no probará de las mieles de esa pasión;
Ese amor hace mucho abandonó su nación.

Se fue sin importarle marchitar su corazón;
Se fue arrancándole toda dulce sensación,
Ese desdichado poeta casi perdía la razón;
Y esa damisela ya no escuchó su canción.

Es la fábula del poeta que para amar no nació;
Y ante ello con pluma solo dulce amor recitó,
Para esa dulce mujer que para él nunca nació;

El amor que él anhelaba y su casa jamás visitó.

Autor: Emilio Nahín Rojas Madero 03/Septiembre/2014

EL MINISTRO DE LA MUERTE

Fecha de Publicación:

Acapulco de Juárez, Gro. Méx. 03 de Octubre del 2014

Publicado Por:
Emilio Nahín Rojas Madero

El Ministro de la Muerte



Llevo en mis manos la bella función;
De guiar al que es mártir de desilusión,
De envenenarlo ante sublime confusión;
Guiándolo al camino de su defunción.

Utilizando el excelso arte del engaño;
Diciéndole que es momento de partir,
Que de nada le servirá vivir otro año;
Y que éste mundo solo le hace daño.

A muchos los dirijo con este artificio;
Ser ministro de la muerte es mi oficio,
Hasta que sus cráneos tengan un orificio;
Con mis dulces mentiras yo los Asfixio.

Me fascina utilizar sus dulces anales;
Para contraponerlos en contra de ellos,
Promesas de amor que fueron irreales;
Que hoy solo les producen resuellos.

Me encanta introducirme en sus sueños;
Para convertirlos en sublimes pesadillas,
Los suicidas complacen a mis ensueños;
Al rey Tanátos yo los postro de rodillas.

Soy ese ángel que está en la obscuridad;
De mí no será fácil que te puedas salvar,
Me encargo de que tu alma sea vacuidad;
Y que tu mente pierda toda racionalidad.

¿Por qué me culpáis de tal depravación?
A los caídos solo les doy confortación;
Esos que fueron víctimas de una traición,
Solo la muerte les dará la glorificación.

Yo solo soy un ministro ante la muerte;
Solo te ayudo cuando dejan de quererte,
Para qué querer vivir una vida tan inerte;
El precio por amar se paga con la muerte.

Para qué sigues huyendo de mis encantos;
Si así dejaras de embriagarte en tus llantos,
Solo déjate guiar por mis mortales cantos;
Que la muerte te espera entre sus mantos.

Oh mortal, déjame cumplir mi noble labor;
Que a tu alma yo vengo a darle solo la paz,
Esa paz que ese amor te negó a todo babor;
Extingue ya tus tristezas de la tierra y su faz.

Extingue esa tu luz que nadie supo valorar;
Que solo mi amiga la muerte se regocijará,
Que el amor traidor a tu tuba le ira a llorar;
Tu suicidio será ese juez que le condenará.

Y solo te prometo que la paz encontrarás;
Hoy que aun llevas en ti dulcinante alma,
Que mañana ya será tarde y te petrificarás;
Oh mortal, ven antes de que llegue el alba.

Que no debes saber lo que hay tras la luz;
Mío tú debes ser mientras hay obscuridad,
Que al amanecer perderé toda oportunidad;
De entregarte a la muerte con toda seguridad.

  

Autor: Emilio Nahín Rojas Madero  29/Septiembre/2014

martes, 16 de septiembre de 2014

SENTIMIENTOS SUICIDAS


Fecha de Publicación:
Acapulco de Juárez, Gro. Méx. 16 de Septiembre del 2014

Publicado Por:
Emilio Nahín Rojas Madero


Sentimientos Suicidas

Ya tantas veces he sentido el sentimiento;
Después de ser abandonado por un amor,
Al que me entregué sin ningún miramiento;
Entregando el corazón en nombre del amor.

¡Por qué me has entregado la cruz amarga!
¿Acaso crees que siempre saldré victorioso?
La traición a mi corazón solo lo desgarra;
Que al suicida ya no le parece vergonzoso.

Escucho ya su lúgubre voz en mi cabeza;
Incitándome a infringir una tonta acción,
Aunque mi alma por las noches me reza;
A mi suicida ya no le causan tal aflicción.

Esa voz obscura a mi alma la envenena;
El eterno descanso en mí ya es seducción,
A la dama negra la reviste de dulce nena;
A la dulce vida de amargura y decepción.

¿Saldré victorioso de esta dura prueba?
¡Dónde está la promesa de la redención!
Oh mi Dios, si al suicidio tú lo repruebas;
Por favor ya no me mandes otra decepción.

Esa sombría voz me seduce con su canto;
Y me hace sentir que importante no soy,
Que las mujeres solo me incitan al llanto;
Y que por enamorarme, un estúpido soy.

Poco a poco se van acabando mis fuerzas;
Y aunque ese gusto no les quiero dar yo,
De que me vean derrotado y sin fuerzas;
El deseo de morir, en mí alma se escorio.

Hipocresía humana es el demandar un amor;
Pues cuando le tenemos en vuestras manos,
Lo traicionamos y le pagamos con desamor;
Olvidando en otra cama las promesas de amor.

Hoy solo escucho la voz interna de mí suicida;
Repitiéndome asiduamente lo estúpido que soy,
Que ha llegado la hora de abandonar este mundo;
Que solo mentiras y traiciones a mi corazón le dio.

Autor: Emilio Nahín Rojas Madero 16/Septiembre/2014